domingo, 3 de enero de 2010

Persona y «trans-personalidad» en el pensamiento de Tommaso Demaria

Mauro Mantovani

Introducción

Dentro del actual debate sobre el humanum, típico de una sociedad en la que no faltan preguntas sobre cuestiones antropológicas fundamentales, sigue siendo central el tema de la persona, sobre todo, en lo que concierne a la dimensión social de la existencia humana. Vivimos en una época en la que parece que el «retorno del individuo» se cumple por medio de una «revancha» sobre el universalismo ilustrado y abstracto, sobre una razón radicalizada.  Después del tiempo de las ideologías y de los sistemas «fuertes», crece la convicción de que la historia no tiene finalidad y que cada persona se encuentra «echada» en el mundo para narrar su propia existencia dentro de una red infinita de comunicaciones. En la actualidad, hay quien crea escenarios de multiculturalidad, donde valores y proyectos de vida resultan subjetivos e inmensurables.

Mientras que la globalización y la interdependencia se imponen irresistiblemente, es necesario introducir en la historia el impulso de una relacionalidad nueva, caracterizada por una racionalidad «sana», capaz de orientar en sentido humanista y solidario a la «sociedad compleja» y de ofrecer un correcto proyecto, para construir «el camino» y «la casa» comunes. Como escribe el filosofo M. Toso, «frente a una realidad histórica, hoy mucho más dinamizada que antes, necesitamos de proyectos vivos, flexibles, actualizados, capaces de promover las personas y las culturas».

  Entre los distintos autores que pueden contribuir de manera significativa en esta perspectiva nos parece interesante señalar - precisamente esta es la tarea de nuestro breve escrito - la figura y la obra del filósofo y teólogo italiano Tommaso Demaria (1908-1996), salesiano sacerdote, profesor en la Universidad Pontificia Salesiana (Turín). Su persona y su pensamiento permanecen aún desconocidos en el actual panorama cultural italiano.  Sin embargo, sobre todo durante los últimos años, ya han sido publicados varios textos, no solo inspirados explícitamente en su pensamiento, sino que han intentado también mostrar el valor y la actualidad de la filosofía demariana.

El primer Seminario académico de estudio sobre el pensamiento de Demaria, cuyo titulo fue El hombre y la historia, tuvo lugar en Roma en 1997; el más reciente, De la metafísica al instrumento práctico para realizar la sociedad alternativa, se ha realizado en Verona en septiembre 2005. Acerca de Demaria se ha hablado también en Roma durante el Congreso Persona y humanismo relacional (Universidad Pontificia Salesiana, enero 2005)  y varias referencias - sobre todo implícitas - a su pensamiento se encuentran en textos de filosofía política o sobre la doctrina social de la Iglesia.  Dos tesis doctorales ya se han publicado en Alemania y en Milán, otras están en curso.  Además, en Italia, las asociaciones culturales Nuova Costruttività y MID (Movimento Ideoprassico Dinontorganico), contribuyen notablemente a difundir su conocimiento por medio de nuevas publicaciones, de encuentros y de la útil página web específicamente dedicada a Demaria y a sus escritos (www.dinontorganico.it).

Desde el punto de vista filosófico, en continuidad con las anteriores publicaciones,  queremos evidenciar aquí la particularidad de la consideración demariana de la persona, contribuyendo - así nos lo auguramos - a dar a conocer más a este autor, para un público mayor e internacional, teniendo en cuenta que - por lo que conocemos - hasta ahora ningún texto de Demaria ha sido traducido a otros idiomas, y nunca han sido publicados estudios sobre su pensamiento en español, ni tampoco en otros idiomas distintos del italiano. Quizás así pueda engrandecerse el número de sus conocedores y estudiosos, a partir del análisis - y también de la crítica - de su concepción orgánico-dinámica de la persona, que él mismo consideraba como una reexaminación del personalismo, por medio de una nueva ontología dinámica. A fin de elaborar propuestas eficaces para la sociedad de hoy, decía Demaria que necesitamos una perspectiva teórica capaz de «pensar a fondo su propio tiempo». En este sentido criticaba un cierto tipo de personalismo abstracto, «estático», basado sobre una concepción de la persona no suficientemente adecuada para manifestar su intrínseca dimensión histórica y dinámica, que Demaria quería valorizar de manera especial, conforme a sus categorías originales.

Su peculiaridad está, en efecto, en haber buscado, en continuidad con la filosofía tomista, incluso su superación a través de un realismo dinámico integral. Se esforzó en elaborar un instrumento teórico capaz de hacer comprender metafísicamente la realidad histórica en la que la persona humana se sitúa, y al mismo tiempo, de dar razón del «ser historia» de la persona, y por tanto de su crecimiento en el ser, y su «hacerse».

Presentamos aquí - muy brevemente - los elementos principales de esta perspectiva.


1. La necesidad de un personalismo adecuado al «ser dinámico» 

Demaria está convencido de la centralidad del discurso filosófico sobre la persona humana. En este sentido él es, obviamente, un personalista. Él mismo decía que la salvación de la persona humana - su dignidad y su derechos, hoy de varios modos muy amenazados - era la principal preocupación del Magisterio de la Iglesia. Al mismo tiempo subrayaba claramente la diferencia radical que, para él, había entre la postura del Magisterio eclesial y la de un cierto personalismo, incluso católico: para la Doctrina social de la Iglesia la persona humana, con su dignidad y sus derechos, «es lo que hay que salvar. Para el personalismo, en cambio, la persona humana es lo que salva. Si, pues, - decía Demaria - no es la persona humana la que salva, porque ella misma tiene que ser salvada, hay que decir que no puede ser considerada como la “fuerza” que domina el mundo y que puede cambiarlo. El personalismo, al pensar que la persona humana es la salvación del mundo, se equivoca. […] La persona humana es una válida y determinante “fuerza”, pero bajo la condición de que esté maniobrada por otra “fuerza” más profunda».  Para Demaria, en efecto, el límite del personalismo ingenuo se halla en no reconocer que hay “fuerzas” más profundas que pueden dominar la persona, que controlan el mundo y permiten cambiarlo: «estas misteriosas “fuerzas” son las que dominan al hombre desde dentro».  Según nuestro autor es fundamental entender esta radical diferencia entre la concepción estática de la sociedad y del mundo - que se identificaría con el personalismo ilusorio - y la concepción dinámica.

En la cuestión fundamental entre persona y sociedad, Demaria precisa que hay siempre que partir de una investigación filosófica que «no se pierda en rarezas cerebrales, sino que sea una auténtica filosofía de lo real y de lo concreto»,  caracterizada por ser accesible también para el profano en la materia, y por su utilidad práctica. En este sentido afirma claramente que «no hay sociedad sin persona humana, ni persona humana sin sociedad. El hombre es sociable por naturaleza, y lo es también por necesidad existencial: no puede existir sino en sociedad. Y la sociedad no puede ser formada sino por hombres».  Parecería, añade Demaria, que la llave de la relación hombre-sociedad sea la misma persona humana, pero - así comenta nuestro autor - «tal principio lleva a esta consecuencia: la persona humana es la llave de solución de todos los problemas socio-políticos, y los traduce en problemas “éticos”. Esto es el famoso personalismo social».

Nuestro autor critica todo lo anterior, afirmando que tal forma de personalismo tiene el irremediable limite de ser sólo ético y para-ideológico: «no sólo hace superflua la ideología dinontorgánica, sino que la hace imposible, porque encierra el pensamiento socio-político cristiano en las para-ideologías, consideradas como meras ofertas, o solicitudes de valores».  En cambio, para él, «la persona humana no puede existir concretamente sino como persona historizada. Y, precisamente, como tal se relaciona con la sociedad dinontorgánica».

Este es un punto-clave del pensamiento demariano: la consideración de la persona humana como persona historizada. Demaria, desde su visión realista, afirma que hay que distinguir entre existencia física y existencia histórica de la persona humana: «la existencia física es común al hombre y a los animales, mientras que la existencia histórica es exclusiva del hombre, de la persona humana. La existencia física consiste en el caer en el espacio y en el tiempo […] por medio del nacimiento; la existencia histórica, en cambio, significa estar inmersos en una particular realidad histórica, que precisamente nos historiza. La existencia histórica, por lo tanto, es - nada más y nada menos - la historización del hombre, […] exclusiva suya. Hay una diferencia sustancial, entre el niño y la cría del animal: éste se queda en la existencia física, al caer en el espacio y en el tiempo, y no puede llegar a la existencia histórica: no se historiza».  Pero, ¿qué es lo que en efecto obra esta historización del hombre? Según Demaria esta historización se realiza gracias a la misma realidad histórica, «por medio de la sociedad que la expresa, y por medio de su relativa civilización. Por eso la relación hombre-sociedad tiene la máxima importancia para la persona humana, porque es precisamente dentro de esta relación donde se realiza su historización».


2. «Historización» de la persona, «transpersonalidad» y «lógica del “nosotros”»

Afirmando que la persona humana es al mismo tiempo naturaleza e historia, Demaria reconocía la existencia de tres diferentes tipos de sociedades dinámicas y seculares, cada una con su distinta manera de historizar la persona: en la sociedad capitalista «la persona humana se traduce en un ser de segundo grado como puro individuo fisiológico, producido por una naturaleza evolutiva reducida a materia, y por lo tanto atea […]. En el tipo de sociedad social-comunista se reduce la persona al “género” o a la “ clase”, absorbiéndola totalmente y totalitariamente en el Estado proletario […]: pensar, querer y actuar, todo tiene que someterse».  El tercer tipo, en cambio, es el de la dinontorganicidad.

Según Demaria, en efecto, hay «mecanismos» de historización que «re-manipulan» al hombre de distintas maneras: «el mecanismo de la historización estático-sacral obra una “re-manipulación” ético-religiosa del hombre como ser de primer grado, dejándolo en su condición de ser de primer grado. El mecanismo de la historización dinámica-secular, en cambio, obra una “re-manipulación” óntico-dinámica del hombre, que lo pone ontológicamente como ser de segundo grado [...]. La historización del hombre siempre se realiza o como una re-manipulación como ser de primer grado, dentro de los confines del ser de primer grado o también sale fuera de estos confines para pasar a un “hombre nuevo”, que es precisamente el hombre como ser de segundo grado en sentido ontológico-dinámico».

Según Demaria hoy el verdadero problema «ideológico» es la distinción entre la historización estático-sacral y la dinámica, y esta diferencia muestra las nuevas necesidades de nuestro tiempo, destacando las peculiaridades de la teoría dinontorgánica. En el tipo de sociedad dinontorgánica, en efecto, la persona no sólo se reconfirma ontológicamente (más que éticamente) como ser de primer grado, sino que también «se trasforma dinámicamente en un ser de segundo grado como persona-célula. Tal enriquecimiento consiste en hacer a la persona humana la beneficiaria de la dinontorganicidad, que representa el máximo beneficio de la persona individual y de toda humanidad desde el punto de vista humano-histórico».  Esta es la perspectiva donde encuentra lugar la idea de la «trans-personalidad» como enriquecimiento de la persona y su inserción en la realidad nueva de un auténtico y ontológico «nosotros». Los hombres en este organismo dinámico se convierten en su parte constitutiva: «la persona humana, en la pura y simple
sociedad, aunque como miembro efectivo de ella, queda siempre como una persona autónoma, y “soberana”; en el organismo dinámico, en cambio, la persona es su parte constitutiva, y [...] se convierte en célula (= persona-célula)».

Para Demaria «persona humana autónoma y “persona humana como célula” del organismo dinámico, no están en contradicción, sino que se completan recíprocamente. Ni tampoco este “ser célula” de la persona humana contradice su realización, sino que se convierte en la única vía de realización eficaz de la misma persona […]. “Quien quiere conservar la propia vida la perderá; y quién la pierde, la salvará”. Releamos este versículo [evangélico] desde el punto de vista sociológico, y descubriremos uno de los fundamentos de la sociología cristiana, el de la persona-célula que se pierde en el organismo dinámico como persona humana autónoma, y por eso se salva también como persona autónoma. ¿No es así también para la persona humana autónoma, frente al Cuerpo Místico de Cristo?».  Demaria nota, en efecto, que esta recuperación-enriquecimiento de la persona humana - antes de hacerse realidad en el dinontorganismo profano que es representado hoy, en su máximo nivel, por la sociedad dinontorgánica - ya se ha realizado en el Super-organismo dinámico religioso cristiano del Cuerpo Místico, y por eso se puede decir que esta perspectiva «es tan vieja como el mismo Cristianismo. El cristiano, en efecto, es persona-célula del Cuerpo Místico de Cristo. Es verdad revelada con valor de dogma, aunque - quizás - tiene todavía que ser descubierta en términos más claros».

Es precisamente la dinontorganicidad, para Demaria, la que «introduce a la persona humana como ser de primer grado en el dinontorganismo […] haciéndola protagonista desde dentro, según la racionalidad dinámica objetiva interna del mismo dinontorganismo, del que la persona humana como persona-célula llega a ser una parte constitutiva»,  no sólo sin perder su libertad, sino realizándola al máximo.

Conclusión

Nos parece, al acabar estas breves reflexiones, que el análisis del pensamiento de Demaria puede ofrecer una ocasión para conocer este intento de crear las bases para una cultura atenta a la complejidad de la situación histórica actual. Demaria ha afirmado que era necesario replantearse global y sintéticamente el proyecto de conjunto de la convivencia y de la historia humana, intentando aproximarse al patrimonio de la filosofía realista clásica, pero a la vez haciéndola interactuar con las instancias de la modernidad y con las problemáticas de su tiempo y el nuestro, en vista del «nuevo humanismo integral y solidario».

Para Demaria defender hoy la persona humana consiste sobre todo en establecer la correcta conexión entre la persona y su historización-remanipulación, es decir según el tipo ideológico correcto de sociedad dinámico secular: esto es lo que intenta hacer la sociedad dinontorgánica: «la salvación de la sociedad pasa por el hombre, pero a condición de que la salvación del hombre pase por la sociedad. Es la ley de su historización-remanipulación dinámica. En la hipótesis de una falsa historización-remanipulación el hombre será devorado por sociedades-monstruos, perdiéndose a sí mismo y la sociedad misma, a cambio de salvarse y salvar».

La persona así sigue siendo titular originaria de la soberanía, pero - sostiene nuestro autor - «como “persona-célula”; sociedad como sociedad dinontorgánica; Estado soberano en función instrumental dinontorgánica y - por eso - al servicio de la persona-célula “soberana”. Ésta es la solución del problema».

Éstos son los rasgos fundamentales de la propuesta demariana: «en la sociedad global la sociabilidad orgánico-dinámica es una sociabilidad normativa-constructiva de la sociedad misma como organismo dinámico, mejor como un conjunto de organismos dinámicos solidarios, que realizan el bien común en plena armonía con la persona humana, a condición de que también la persona humana esté en total armonía con el bien común. Condición indispensable - añade Demaria - para esta armonía es que la persona humana tenga que aceptar el organismo dinámico y aceptarse a sí misma como célula. Sigue que la armonía entre el bien común y la persona humana, y entre la persona humana y el bien común, puede ser promovida y garantizada sólo por la sociedad como organismo dinámico y por la sociabilidad orgánico-dinámica».  Por eso nuestro autor sostiene que la tarea principal es «llegar a un personalismo orgánico-dinámico, que sepa considerar la empresa y la sociedad como organismos dinámicos, y la persona humana como persona-célula dentro de ellas. Todo esto es muy concreto, es realismo. Es llegar, desde el nivel filosófico, y también teológico, a un auténtico personalismo humano y cristiano».

Por eso animaríamos a profundizar, también críticamente, esta visión filosófica, para captar sus límites y valores para la reflexión actual.



Fuente: http://mantovani.unisal.it/Materiali%20didattici%202009-2010/Filosofia%20della%20storia/Persona%20y%20transpersonalidad%20en%20Tommaso%20Demaria%20(FINALE).doc

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