miércoles, 6 de enero de 2010

ODISEAS DEL DIÁLOGO DE LOS PUEBLOS

El surgimiento de una nueva Cultura - mundo


Edgar Montiel (Perú), Doctorado en Economía del Desarrollo y en Filosofía
por la Universidad de París. Ensayista, autor de El Humanismo americano;
Filosofía de una comunidad de naciones (FCE 2000)
 y El nuevo orden simbólico (SECIB, MAPFRE, Madrid, 2002).
Jefe de la Sección Cultura y Desarrollo, División de Políticas Culturales
y del Diálogo Intercultural, en la UNESCO, París;
El autor se expresa a título personal.


I.

Los contactos y los intercambios entre las civilizaciones y las culturas tienen la edad misma de la humanidad, y en la mayoría de los casos han constituido una fuente de enriquecimiento recíproco, de dinamismo y de vitalidad para los pueblos que han participado en ellos. Encuentros a veces breves, a veces de larga duración, durante los cuales los modos de vida, las sabidurías, los símbolos, las ciencias y las técnicas así como las artes de unos y otros han confluido para dar nacimiento a una nueva civilización, a una nueva cultura, a la manera de los ríos que, descendiendo por las montañas, se encuentran y reúnen sus aportes para formar uno más grande.

América, en su conjunto, ha sido desde el siglo XVI el espacio privilegiado para el intercambio cultural y humano, para la confluencia de corrientes migratorias y la experimentación social y política, proceso que ha configurado una cultura ecuménica, vital, creativa y un humanismo práctico y cordial.

La inserción de América en el mundo produjo la primera gran ola de mundialización en la historia, pues el intercambio masivo de hombres, ideas y productos, dio lugar al surgimiento de una economía - mundo y una cultura - mundo. Por eso allí surgieron las primeras manifestaciones de fenómenos como la “aculturación”, la “transculturación”, la “multiculturalidad”, la fusión de culturas vivas y el mestizaje colectivo.

Los hombres y mujeres de América guardan en su memoria tanto los beneficios como los estragos de aquella primera mundialización. Saben que estos procesos necesitan ser gobernados, encauzados con sabiduría y resolución, para que sus efectos sean duraderos y favorables a todos. En nuestros días la comunidad internacional atraviesa por este difícil trance : hoy se trata de gobernar las fuerzas de la economía, la tecnología y el mercado para conducirlas por el camino del desarrollo realmente durable al servicio del mejoramiento humano.

II.
El temperamento cultural de América estuvo signado por una experiencia excepcional de diálogo intercultural que se remonta a mil años atrás, a la época de la brillante civilización magrebino-judeo-cristiana de Andalucía, al-Andalus, resultado de la convivencia fecunda de tres modos de vida, de tres sabidurías, de tres civilizaciones.  América no existía aún en esa época, pero la impetuosa obra  de sincretismo y mestizaje cultural y humano que se operaba entonces en al-Andalus, - que alcanzó notables logros en el campo de la filosofía y las ciencias, la literatura y la música, la arquitectura y la concepción urbanística, el vestuario, la alimentación y el folklore, en las leyes y la administración, para citar algunos ejemplos -  habría de llegar nítidamente siglos más tarde hasta el otro lado del Atlántico, hasta las Américas, traída por los descubridores y conquistadores españoles, numerosos de ellos oriundos de Andalucía, es decir culturalmente andaluces, herederos de la cultura y de las huellas de la civilización magrebino-judeo-cristiana de al-Andalus.
Basta recordar que esta experiencia histórica duró 8 siglos – del VII al XV – y que se interrumpe en el año crucial de 1492 : fecha de la reconquista de España por les Reyes Católicos (la “Caída de Granada”) y la conquista de América.


En su poema, Blasón de América, el peruano José Santos Chocano (1876-1934) dice unos versos, que son todo un programa:
Mi fantasía viene de un abolengo moro:
Los Andes son de plata, pero el León de oro;
Y las dos castas fundo con épico fragor…

Fue grande y variado el aporte cultural de al-Andalus a la futura región de América Latina y el Caribe. Y no podía ser de otra manera pues al-Andalus constituyó, en todos los órdenes, uno de los momentos más altos alcanzados por la civilización mediterráneo- europea.  Sus testimonios materiales se encuentran entre nosotros, en nuestro tiempo, y se hallan en el acervo filosófico, literario, arquitectónico, lingüístico, musical de la región.  Pero además de lo inmediatamente perceptible de esa herencia, como el patrimonio monumental y numerosas palabras de la lengua española  - para mencionar sólo dos ejemplos -, conviene destacar la significación y el interés ético de ese legado, que está presente en nuestras conciencias y en la personalidad colectiva. Importa por eso fomentar las investigaciones científicas y humanísticas al respecto. Valga el resumen de la Sra. Carmen Calvo Poyato, Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía : « Cada vez más oímos hablar de al-Andalus, de sus creaciones artísticas y sociales, de su música, de sus logros arquitectónicos, su ciencia, su filosofía y de su influencia en la transmisión del pensamiento griego y romano en el resto de Europa. Lugar de encuentro, de crisol entre culturas, razas y religiones, su capacidad de tolerancia y convivencia creó una sociedad que tuvo su mayor resplandor en la Edad Media.»

Las generaciones de hoy tenemos el deber moral de preservar y fortalecer nuestro patrimonio cultural común, sobre todo cuando entre sus riquezas se hallan no solamente bienes materiales sino también espirituales, de particular significación y pertinencia para nuestro tiempo. Entre esos bienes espirituales, uno de los más importantes para nosotros y para las generaciones que nos seguirán es el de la tolerancia y la convivencia, el de la aceptación y el respeto de la diversidad cultural, y el del enriquecimiento recíproco mediante el intercambio humano, intelectual, cultural y científico. Porque al-Andalus fue esencialmente eso, un gran momento de tolerancia, concordia y cooperación para beneficio de la humanidad toda. Esa fue su magnífica enseñanza para los tiempos futuros.

El mundo en que vivimos hoy en día se caracteriza también por la diversidad cultural. En ello que nos parecemos prácticamente a todas las épocas pasadas de la humanidad. Pero donde nos diferenciamos, y grandemente, de todos los tiempos que nos han precedido,  es en la celeridad y la eficacia espectacular de los medios de comunicación, de educación y de transporte de que disponemos.  Ahí donde nuestros ancestros indo-americanos, africanos, magrebís, y europeos, vinculados por al-Andalus necesitaban invertir meses y hasta años para atravesar los vastos espacios, para intercambiar, para traducirse, para enviar y recibir noticias, para formarse una imagen - muchas veces incompleta y distorsionada- los unos de los otros, hoy en día nosotros invertimos solamente horas, y muchas veces tan sólo minutos o segundos. Nos comunicamos en tiempo real.

Ahí donde el acceso a la información, a la educación y al conocimiento estaba de facto reservada a unos pocos, no tanto por cuestiones de talento sino por la estructura colonial de la organización política y social en Asia, en el Oriente Cercano, en Africa y en Europa, hoy en día vemos que esos bienes intangibles - es decir la información, la educación y el conocimiento –están al alcance de muchos, y es posible acceder a ellos. ¿Por qué no se benefician de ellos las mayorías del mundo?

¿ Cuáles serán las consecuencias culturales para la humanidad en su conjunto de esta formidable transformación en curso ? Nosotros constituimos la primera generación que está viviendo la nueva revolución científica - técnica , no solamente como testigos sino también como partícipes, pues tanto quien diseña programas informáticos como la persona que simplemente envía un correo electrónico, ambas ejercen, « materializan » la nueva civilización. Surge pues la pregunta ; ¿ nos hallamos a las puertas de una época que generará, gracias a las nuevas tecnologías, un renovado y vasto diálogo cultural entre todas las regiones del planeta, o bien ante los comienzos de un inédito período de homogeneización transcultural ? Nuestra preocupación es que los cambios contribuyan a cimentar la fraternidad, la cooperación constructiva y el bienestar de la humanidad. Y no lo contrario.


III.

¿ Qué está pasando realmente ? La economía, la educación, la ciencia y la cultura, acusan el impacto de una mundialización regulada esencialmente por la lógica del mercado. En el campo de la cultura – dominio conformado por el patrimonio simbólico, la vida en común y la vida espiritual – la obsesión primera de la fabricación automatizada es la producción en gran escala, buscando obtener, con el menor costo, el mayor beneficio posible, generando una tendencia uniformizante en la producción y consumo de los bienes culturales.

Una de las novedades de la mundialización es que el sector de las industrias culturales es uno de los de mayor crecimiento en la economía mundial. Desde 1980 han tenido un crecimiento sostenido. Según estadísticas de la UNESCO, de 1980 a 1998 las exportaciones de bienes culturales se han multiplicado por cuatro, pasando de 47.5 billones de dólares a 174 billones. Y las importaciones en ese mismo período han pasado de 48 billones a 240 billones de dólares. La industria del entretenimiento y la economía de lo intangible se han convertido en factores de influencia considerable en la economía  y la sociedad mundiales, y fuentes de una vasta mutación de los escenarios culturales y simbólicos.

Es pertinente señalar que de la producción y del comercio de bienes culturales, el 80% está en manos de sólo trece países desarrollados. Aún cuando la mundialización de las nuevas tecnologías de la comunicación crea nuevas perspectivas de crecimiento socio-económico, la férrea estructura monopólica actual de las industrias culturales – concentradas en 7 grandes megaconsorcios implantados en todo el planeta – constituye una amenaza para la diversidad, la libertad de expresión y la democracia.
El editorial de Le Monde diplomatique de diciembre del 2002, presenta al respecto el siguiente panorama :
«  La irrupción de Internet y de la revolución numérica en el campo de los medios de comunicación han provocado un traumatismo inédito. Atraídos por ambiciones de poder y de perspectivas de ganancia fácil, los mastodontes industriales de la electricidad, de la informática, del armamento, de la construcción, de la telefonía, o del agua tomaron prácticamente por asalto el sector de la información. En poco tiempo levantaron gigantescos imperios. Y al paso pisotean algunos valores fundamentales : en primer lugar la preocupación de una información de calidad.
Los grandes megaconsorcios se están apropiando de los medios de comunicación a lo largo del mundo.  En los Estados Unidos, donde han sido abolidas en febrero2002 las normas antimonopólicas en el campo audiovisual, America Online a comprado Netscape, el semanario Time, la empresa Warner Bros y la cadena informativa CNN. General Electric, primera empresa mundial por su capitalización en la bolsa, se ha apropiado de la red NBC.  La firma Microsoft de Bill Gates reina en el mercado de los programas informáticos y esta conquistando el de los juegos videos con su consola X-Box;y a través de su agencia Corbis domina el mercado de la fotografía de prensa.  La News Corporation del Sr. Rupert Murdoch a tomado el control de ciertos periódicos ingleses y estadounidenses, los más difundidos, como The Times, The Sun, The New York Post;  posee además una red de televisión vía satélite (BskyB), una de las cadenas de los Estados Unidos (Fox), así como una de las principales firmas de producción de películas (20th Century Fox)...”

Los flujos de intercambio de bienes culturales muestran pues un enorme desequilibrio en favor de los países más avanzados en el plano tecnológico. De este modo, actualmente dos tercios de la humanidad se encuentran excluidos de la construcción de la sociedad de la información y el conocimiento. Estos son las odiseas por las que pasa actualmente el diálogo de los pueblos.

Ciertamente que esto constituye un enorme desafío para la comunidad humana : la tendencia de que la producción social de la cultura sea brutalmente cercenada por la tecnología de sus originales fuentes históricas y geográficas; la amenaza de que un puñado de grandes megaconsorcios se apropie del universo simbólico; que la uniformización cultural acentúe sus efectos en los modos de vida, las lenguas, los hábitos de consumo, las comidas, los modos de pensar, crear y actuar.

Estos desafíos no deben llevar a una desmobilización sino invitarnos a una reflexión profunda y a la acción. La rapidez de las mutaciones sociales, económicas y tecnológicas constituyen un acicate y una oportunidad para repensar nuestra acción como ciudadanos, gobiernos, organizaciones internacionales, sociedad civil y sectores empresariales. Ante la privatización creciente de la vida científica, social y cultural, debemos proteger y reforzar el carácter de bienes públicos de la educación, de la cultura y de la ciencia.  Como lo ha recordado el Director General de la UNESCO, Sr. Koïchiro Matsuura, “el estatuto particular de estas áreas – establecidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como derechos, que el sistema de las Naciones Unidades tiene el mandato de defender – debe ser reconocido plenamente, con fines comerciales regulados, a fin de crear las condiciones de su acceso para todos” (Hacia una mundialización humanista, Publicaciones UNESCO 2002).

En un contexto de mundialización creciente de los intercambios, se debe explotar el potencial formidable que estos representan para un mejor conocimiento recíproco entre los pueblos y las culturas. Nuevos espacios de expresión, de creatividad, de interacción y de innovación están naciendo. Deberíamos hacer todos los esfuerzos para que de éstos se beneficien el conjunto de la humanidad. La revolución científica - técnica y el crecimiento económico en curso no deben traducirse en una uniformidad ni en un empobrecimiento cultural, ni tampoco limitarse a simples intercambios mercantiles.

La UNESCO, - a semejanza de ALECSO y las Cumbres Iberoamericanas - , preocupada por las consecuencias culturales y sociales de la globalización, luego de una amplía consulta a los gobiernos y las organizacionales no gubernamentales, adoptó en la 31ra sesión de la Conferencia General, en noviembre de 2001, la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, cuyo primer artículo declara “la diversidad cultural, patrimonio común de la humanidad”.

Este es el primer acuerdo político de envergadura universal, aprobado por 185 países, que busca encauzar de modo constructivo los efectos de la mundialización en el ámbito de la cultura y la educación. Corresponde ahora a los gobiernos, a la sociedad civil, las esferas económicas, y la comunidad internacional, servirse de este instrumento para que en sus países y en el mundo se instaure un clima estable de confianza, paz y cooperación, en beneficio de todos.

Por su parte, la UNESCO lleva adelante el Plan de Acción de esta Declaración, a través de una serie de programas dedicados a fomentar la “alianza global” entre instituciones gubernamentales, sectores empresariales, los creadores y los consumidores, a fin de facilitar el intercambio de bienes culturales.  Brinda asistencia técnica a los países en materia de políticas culturales, para  que éstas sirvan al desarrollo y a la integración social. Apoya planes nacionales de fomento de la artesanía y el turismo cultural, así como ayuda a preservar el patrimonio tangible e intangible, a fomentar el diálogo entre las diversas colectividades culturales, religiosas en un país. Se propone a incorporar plenamente en la educación para todos la enseñanza y la práctica cotidiana de la diversidad cultural, de modo a preparar a las nuevas generaciones a “vivir juntos”, en un clima de comprensión y tolerancia, como eran las clases en las antiguas escuelas de al- Andalus.



IV.

¿ Y qué del diálogo hoy en día entre las diferentes regiones ?  El diálogo entre culturas es tanto más enriquecedor cuanto más sólidas y creativas son las culturas que intervienen. En el caso de América Latina, podemos afirmar que el conjunto de la región ha sabido dotarse de un riquísimo acervo cultural, forjado a lo largo de su historia. Es esa identidad, y su expresión vital a través de variadas formas, la que le permite ser un interlocutor cultural de interés para las otras regiones del mundo, al tiempo que le asegura un lugar proprio en el panorama mundial de la cultura.

Las manifestaciones culturales que surgen de las fuentes americanas son las que tienen mejor acogida en el  mundo. Así por ejemplo, en el terreno literario, si escritores mundialmente conocidos como Miguel Angel Asturias, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez y Octavio Paz no hubieran asociado su imaginación con símbolos de Latinoamérica, como Quetzaltenango (Guatemala), Machu Picchu (Perú), Aracatá (Colombia), o la Piedra del Sol (México), no hubieran alcanzado la fuerza expresiva reveladora de mundos que les hizo merecedores del Premio Nobel.  Somos un continente con un imaginario pródigo como si viviéramos en una edad literaria.   Esa fuerza creadora se encuentra plasmada en las diferentes artes. En la narrativa, todos los escritores y escritoras, desde los cubanos Alejo Carpentier, Nicolás Guillén y José Lezama Lima, hasta los argentinos Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges y Julio Cortazar, pasando por los peruanos Mario Vargas Llosa, Miguel Gutierrez y Alfredo Bryce Echenique, los colombianos Alvaro Mutis y Gabriel García Márquez, los mexicanos Juan Rulfo, Octavio Paz y Carlos Fuentes, la chilena Isabel Allende y Luis Sepulveda, la salvadoreña Claribel Alegría, los brasileños Jorge Amado, João Ubaldo Ribeiro, Zélia Gattaï y Ariano Suassuna, los nicaragüenses Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal, los uruguayos Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, para mencionar tan sólo algunos nombres afamados, todos ellos y ellas hablan de un yo colectivo, de una comunidad de voces que es la de los pueblos de América Latina y el Caribe.  Lo hacen desde perspectivas estéticas y políticas distintas, es cierto, pero mantienen y afirman un denominador común : un modo de ser americano, cimentado por los idiomas compartidos y por una historia compartida que tiene sus componentes económicos, sociales, políticos y culturales.

En pintura y escultura bastaría mencionar como simple muestra, los nombres de Diego Rivera y Frida Khalo, de David Alfaro Siqueiros, Portinari, Rufino Tamayo, José Luis Cuevas, Wilfredo Lam, Jesús Soto, Carlos Scliar, Roberto Matta, Osvaldo Guayasamín, Fernando Botero, Fernando de Szyszlo… para que se supiera que estamos hablando de unas artes plásticas que recogen la luz, los colores y el temperamento de la región. En música, los nombres ya afamados de compositores e intérpretes como Chico Buarque, Silvio Rodríguez, Agustín Lara, Carlos Gardel, Carlos Santana, Violeta Parra, Aztor Piazzola, Alberto Ginestera, Heitor Villa-Lobos, Leo Brower, Daniel Baremboïm, José Asunción Flores, Martha Argerich, Raúl Garcia Zarate, Claudio Arrau, Vinicius de Moraies, Agustín Barrios, Miguel Angel Estrella, Cucho Valdes, Nelson Freire, Compay Segundo…, traducen en géneros diferentes la riqueza melódica de los campos y las urbes latinoamericanas, incluidas por supuesto las del caribe.   Por suerte en la región no hacemos separaciones tajantes entre música culta y música popular. América Latina ha sabido preservar y enriquecer su rítmica y su cultura del cuerpo  : ¿ Y quién en el mundo de hoy no ha escuchado, cuando no bailado, los ondulantes ritmos de la “salsa” caribeña, del bolero mexicano, del son cubano, de la cumbia colombiana, del vals peruano, del tango argentino ?  El cine producido en la región, en México, Argentina, Brasil, Cuba, Perú, Venezuela, llega cada vez más a amplios circuitos de distribución, aunque en este campo hay enormes dificultades debidas a la estructura monopólica del mercado.

No hay que olvidar a la gastronomía, que muestra una alta creatividad y va siendo más y más conocida y apreciada a medida que se incrementa el turismo hacia la región, y debido también a que se instalan y proliferan por el mundo restaurantes latinoamericanos que dan a conocer nuestra amplísima variedad de recursos e ingredientes, aptos para la aventura exigente del paladar que congracia las cocinas autóctonas con las cocinas hispánicas, árabes, africanas y orientales.

En el ámbito de la reflexión y de las ideas, son numerosos los intelectuales e investigadores de nuestros países que contribuyen con sus estudios y sus publicaciones a los más importantes debates en el mundo, contribuyendo a la conformación de una nueva mentalidad crítica y constructiva. Baste recordar que en las últimas décadas nuestra región produjo algunas grandes corrientes de pensamiento como la Filosofía de la Liberación, la Teología de la Liberación, la Pedagogía del Oprimido, la Sociología de la Cultura popular, la Economía Informal, entre otros, sobre los que se han producido centenares de libros.

Cabe mencionar además, al patrimonio cultural tangible e intangible de nuestros países, desde sus famosos y majestuosos  sitios arqueológicos, hasta los numerosos « centros históricos » de las ciudades más importantes del continente, sin olvidar su arco-iris lingüístico, que reúne idiomas de origen americano, africano, europeo, asiático, sus leyendas y tradiciones orales, sus hermosas y útiles artesanías. Se puede decir que América Latina, en resumen, es un continente cultural, donde se han congregado todas las eras imaginarias del mundo.

Se trata pues, podemos decirlo, de una verdadera tesorería latinoamericana, que reúne y hace circular toda esa riqueza cultural acumulada. Este proceso ya lo había presentido, hace más de 60 años, un notable pensador mexicano, Alfonso Reyes, quien escribió : « La laboriosa entraña de América va poco a poco mezclando esta sustancia heterogénea, y hoy por hoy, existe ya una humanidad americana característica, existe un espíritu americano. » Proceso, deseamos agregar, que congrega la pluralidad y hace más nítida la expresión de la identidad que hoy se conoce en el mundo como Latinoamérica. Nos falta sin embargo mencionar otro de los rasgos culturales que forman la personalidad de la región, al que hemos deseado reservar un lugar especial, debido a la significación que le atribuimos en el contexto histórico del mundo de hoy y del mundo que deseamos y esperamos ver surgir y afirmarse en los años por venir. Se trata de la tolerancia y la convivencia. La convivencia es un concepto pleno de significación; no se trata solamente de “tolerar” sino de vivir con el otro, de vivir con él, de vivir en él y que él viva en nosotros.

En América Latina y el Caribe la tolerancia ha sido y es más que una noción o principio, ha sido una forma de vivir, una filosofía de vida, un humanismo práctico. Las circunstancias particulares de la historia de los países de la región explican este hecho, que surgió y se abrió paso lentamente debido a la convivencia centenaria de pueblos con universos culturales distintos, que fueron llevados a coexistir en unos mismos territorios por la colonización y la trata de esclavos. Aquí se encuentra el primer núcleo social originario de la nación.  Ya más cerca de nuestro tiempo, la masiva migración hacia América Latina y el Caribe de familias y de grupos poblacionales provenientes de Asia, del Oriente Cercano, de los países del Maghreb, del Africa Sub-Sahariana, de Europa prosiguieron esta tónica convivencial.  América Latina ha recibido, entre 1880 y 1950, 30 millones de inmigrantes.

Esa tolerancia, siempre perfectible – que según el ensayista brasileño Sergio Buarque de Holanda define al hombre cordial – hay que mantenerla despierta, y es quizá, ante la mezquindad global que se instaura, el rasgo cultural al que el día de hoy atribuimos mayor importancia, con el cual nos aprestamos a dialogar y convivir con todas las otras regiones del mundo. A ellas, a sus pueblos, deseamos ofrecer en intercambio nuestra literatura, nuestra música, nuestras artes plásticas, nuestra poesía, nuestras ideas, pero sobre todo deseamos ofrecer el espíritu de cordialidad, ese humanismo práctico que es el nuestro y que deseamos compartir con todos, pues sabemos, por experiencia sentida, que hay en él una inmensa sabiduría y una fuente de bienestar, aún en condiciones de pobreza y de desigualdades sociales y naturales, como los que han afectado y afectan a nuestra región, y que requieren una acción conjunta entre los países en esta situación.

Por supuesto que, como hecho de cultura, la tolerancia no es un atributo de una región o una época determinados. Ella se manifiesta en diversas partes del mundo, en el seno de modos de vida y de pueblos diferentes, pero hay una experiencia que nos toca directamente. Ella ha existido en el pasado distante y luminoso, como fue la jovial, artística e inteligente época de al-Andalus, que fue el lugar donde tres culturas, tres civilizaciones, tres religiones, aprendieron a aceptarse y a ayudarse mutuamente para vivir mejor, para rescatar la sabiduría y las artes de los tiempos antiguos, por afirmar las suyas propias, y por trasmitir y legar a sus contemporáneos de otras regiones, y a las generaciones que habrían de sucederles, la vasta riqueza cultural así conformada. Ella ha llegado hasta nosotros, esta entre nosotros, a pesar de las odiseas y los laberintos por los cuales ha debido pasar la humanidad. Con ese legado, con ese ejemplo, dejados por nuestros eminentes abuelos Averroes y Avicena, seamos dignos herederos de este patrimonio común excepcional, y mostremos una clara voluntad de consolidarlo y enriquecerlo mediante nuestros propios aportes culturales, participando en un renovado y vigoroso diálogo cultural con todas las regiones y pueblos del planeta, contribuyendo a la construcción de una nueva Cultura-mundo en  beneficio de la humanidad toda.





V.

Diálogo y mestizaje de las músicas
(la música tiene la palabra)



1. España antigua : Hisperión XX
Jordi Savall, vol. 2. Virgin Classics 2002
7243 561964 21
CD7 : Canal 1 “La perra mora” (baile) 1.35
Diego Pisador (after 1557)


2. Harmonie universelle :
Canal 1 : “La Folia” (1490-1701)
Anonyme
Jordi Savall et al. 5.31
Alia Vox AV 9840 2001


3. Le concert des Nations :
Jordi Savall, basse de viole & direction
Canal 10 : “Canarie”
Jean-Baptiste Lully 1.53
Alia Vox BE-AV 9821 2001


4. Misa cubana a la Virgen de la Caridad de El Cobre
Compuesta y dirigida por José María Vitier
Canal 4 : “Laudamus Deus” 3.15
EEREM 1997, CD 285

Fuente : http://www.corredordelasideas.org/docs/odisea_pueblos.doc

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