sábado, 2 de enero de 2010

LA ILUSTRACIÓN SEGÚN KANT Y HABERMAS

Angelina Uzín Olleros

Habermas le dedicó parte de uno de sus libros a las objeciones hechas por Hegel a Kant; en sus Escritos sobre moralidad y eticidad. Pero lo que pretendemos es: diferenciar la crítica idealista al idealismo kantiano a las aporías (antinomias irresolubles) que presenta su teoría en la práctica, de la clausura postmoderna al pensamiento de la ilustración, la autonomía y la integridad del sujeto. Los principales representantes de la postmodernidad enfocan sus dardos al pensamiento de Kant echando por tierra todos sus postulados.
"El objeto filosófico, reducido a su más simple expresión, quedará en el 'espíritu objetivo' bajo la forma de Idea reguladora que indica una tarea infinita; así se habla hoy entre nosotros de la 'Idea kantiana', o entre los alemanes de la Weltanschauung de Fichte. Es que una filosofía, cuando está en plena virulencia, nunca se presenta como una cosa inerte, como la unidad pasiva y ya terminada del Saber; ha nacido del movimiento social, es movimiento ella misma, y muerde en el porvenir: esta totalización concreta es al mismo tiempo el proyecto abstracto de continuar la unificación hasta sus últimos límites; así considerada, se caracteriza la filosofía como un método de investigación y de explicación; la confianza que pone en sí misma y en su desarrollo futuro no hace más que reproducir las certidumbres de la clase que la lleva; toda filosofía es práctica, aunque en un principio parezca de lo más contemplativa; el método es un arma social y política: el racionalismo analítico y crítico de grandes cartesianos los ha sobrevivido; nació de la lucha y se volvió sobre ella para iluminarla; en el momento en que la burguesía empezaba a minar las instituciones del Antiguo Régimen, atacaba a los significados periclitados que trataban de justificarlas; más adelante sirvió al liberalismo y dio una doctrina a las operaciones que trataban de realizar la 'atomización' del proletariado.
Entonces la filosofía sigue siendo eficaz mientras mantiene viva la praxis que la ha engendrado, que la lleva y que ella ilustra. Pero se transforma, pierde su singularidad, se despoja de su contenido original y con fecha, en la medida en que impregna poco a poco a las masas, para convertirse en ellas y por medio de ellas en un instrumento colectivo de emancipación." (19)

El idealismo es revolucionario, destaca la posibilidad de pensar un mundo posible, más allá de la esclavitud del presente. La educación debe ser la que posibilite esa praxis transformadora teniendo como herramienta la crítica, que es conocimiento, es examen y es reflexión. Recuperar el concepto de ilustración, aún en la diversidad de lecturas, expone la esperanza que depositamos en la capacidad de crear y transformar el mundo que tenemos los seres humanos. Adoptamos la definición de Sartre y decimos que la educación debe ser "un instrumento colectivo de emancipación"; esto es en definitiva el programa de la Ilustración como época, pensamiento y acción.

La Ilustración como uso público de la razón.

En el periódico alemán Berlinische Monatschrift, durante el año 1784, se publicó una respuesta de Kant a la pregunta Was ist Aufklärung? (¿Qué es la Ilustración?). Una costumbre de los diarios del siglo XVIII era el dejar abiertas preguntas que aún no tenían respuesta.

Para Kant la ilustración es "salir de la minoría de edad". Esta minoría radica en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, dejando de lado la dirección de otro. La divisa de la ilustración es la de tener el valor de servirse del propio entendimiento, de la propia capacidad de pensar.

Según Kant la mayoría de los mortales permanecen en la minoría de edad a causa de la pereza o de la cobardía. Pensar por sí mismos quiere decir, en definitiva, ser libre para expresar nuestros pensamientos, fijar una posición, defender nuestros principios, pero esto exige valentía; para ser autónomos debemos estar dispuestos a pagar un precio por disentir en vez de repetir lo que dice el otro.

El uso público de la razón siempre debe ser libre, y es el único que puede producir la ilustración de los hombres. Nadie está obligado a cumplir una orden o a defender una postura que repugne su conciencia moral. Este es el uso que hacemos en cuanto doctos, es decir en la medida en que nos atrevemos a pensar desde nuestra propia conciencia.

"Kant enuncia que el ciudadano que paga impuestos, el oficial que da la orden, el cura que enseña catecismo, todos ellos deberían estar habilitados para hacer público su razonamiento sobre sus funciones o roles. La estrategia militar, las creencias religiosas, los impuestos, pueden hacerse públicos en las expresiones públicas de los diarios. Esto es la Ilustración". (20)


Nadie puede impedir este uso público de la razón, aunque al interior de las instituciones predomine el uso privado, por ejemplo, el cura, el soldado, el contribuyente pueden ver restringida su posibilidad de opinar sobre las cuestiones de gobierno institucional dentro del ámbito privado; pero ninguna ley puede prohibir que ellos tengan la posibilidad de exponer sus ideas en los medios de comunicación, o en un ámbito público cualquiera.

Por supuesto que Kant advierte los riesgos de poner en marcha este uso público de la razón; quien expone su punto de vista puede ser despedido, excomulgado, multado, excluido. Pero el riesgo es aún mayor cuando los hombres - por temor o cobardía - se privan de ello.

Si la libertad está dada por naturaleza, si los hombres pueden ser libres, entonces deben ser libres. Negar el uso público de la razón, es negar la libertad. Y el alcance de esa prohibición no es individual sino social.
"Una época no se puede obligar ni juramentar para poner a la siguiente en la condición de que le sea imposible ampliar sus conocimientos (sobre todo los muy urgentes) purificarlos de errores y, en general, promover la ilustración. Sería un crimen contra la naturaleza humana, cuya determinación originaria consiste, justamente en ese progresar." (21)

La Ilustración es el paso del lector al autor, es la conversión de la simple interpretación a la producción. Ser autoridad requiere de esta autonomía de la razón, poder pensar sin tutores. Cada uno de nosotros está arrojado a la aventura de su propia razón, cada uno y todo un pueblo debe construir la razón de su propio proyecto. El proyecto ilustrado es el proyecto de la emancipación, es el de la educación entendida como proyecto emancipatorio.

Ser sujetos ilustrados significa ser sujetos capaces del ejercicio de libre pensamiento, que no quiere decir cualquier pensamiento, sino el de llevar adelante la crítica de las instituciones en términos del examen permanente de las prácticas que ellas generan y los comportamientos que propician.

Nos queda por responder en adelante esta pregunta: ¿es ésta una época de ilustración?. O ¿podemos transformar nuestro presente en un futuro ilustrado?. En Habermas y en Foucault se expresan dos interpretaciones acerca de la ilustración en Kant, tema que era motivo de un encuentro y un debate entre estos filósofos contemporáneos pero que quedó frustrado por la muerte de Michel Foucault.
La Ilustración como racionalidad comunicativa.

Jürgen Habermas fue galardonado por la ciudad de Frankfurt con el premio "Theodor W. Adorno", en ocasión de recibirlo en septiembre del año 1980 dio una conferencia bajo el título "La modernidad un proyecto incompleto", en él resulta evidente el destino de la alocución.
Comienza diciendo que el diagnóstico de nuestro tiempo es que la "postmodernidad se presenta claramente como antimodernidad".

En primer lugar, se dedica a reconstruir los intentos de diferenciarse de los clásicos o la antigüedad clásica, ser moderno requiere de esa distinción. Pero este esfuerzo ha sido llevado adelante con mayor tenacidad por la historia del arte; esto hace que la relación entre lo clásico y lo moderno haya perdido una referencia histórica fija. Las vanguardias estéticas deben aventurarse a lo desconcertante, a la exaltación del presente en una conciencia cambiada del tiempo.

"La modernidad se rebela contra las funciones normalizadoras de la tradición; la modernidad vive de la experiencia de rebelarse contra todo lo que es normativo. Esta revuelta es una forma de neutralizar las pautas de la moralidad y la utilidad. La conciencia estética representa continuamente un drama dialéctico entre el secreto y el escándalo público, le fascina el horror que acompaña el acto de profanar y, no obstante, siempre huye de los resultados triviales de la profanación." (22).

Inspirado en el surrealismo estético el filósofo Walter Benjamin construye una relación entre historia y modernidad en términos de una "actitud posthistoricista". Pero la existencia de una postvanguardia, en expresiones de crítica del arte, no debe llevarnos necesariamente a un período de postmodernidad.

Los neoconservadores preocupados por las manifestaciones culturales llevadas a cabo por el modernismo se plantean la pregunta acerca de cómo es posible que surjan normas en la sociedad que limiten el libertinaje, el hedonismo y que restablezcan "la ética de la disciplina y el trabajo". Para Daniel Bell la solución estaría dada por un renacimiento religioso que restablezca los valores tradicionales del esfuerzo y el orden social.

Mientras que, para los neoconservadores, las normas a rescatar están guiadas por una racionalidad económica y administrativa; para Habermas "Las tareas de transmitir una tradición cultural, de la integración social y de la socialización requieren la adhesión a lo que denomino racionalidad comunicativa". (23)
En definitiva los neoconservadores ven en las dificultades que aparecen en la cultura moderna la necesidad de arribar a una posmodernidad o tirar por la borda la misma modernidad.
Las principales tesis que defienden los neoconservadores son: que la ciencia queda excenta de sentido para la orientación de masas; la política debe mantenerse alejada de la justificación moral o práctica y, que la pura inmanencia del arte pone en tela de juicio que tenga un contenido utópico.


En síntesis, en el horizonte neoconservador, la esfera ética queda separada de la actividad científica y del desempeño político; lo que deja imposibilitado al campo de la razón práctica de llevar a cabo ninguna evaluación en términos ético-políticos de las actividades científico-técnicas.

Para Max Weber la modernidad cultural es la separación de la razón sustantiva expresada por la religión y la metafísica en tres esferas autónomas: la ciencia, la moralidad y el arte. Con relación a estas aparecen las "estructuras de la racionalidad" las que a su vez se encuentran bajo el control de especialistas, estas son la congnoscitiva - instrumental; la moral - práctica y la estética - expresiva.

Estas racionalidades al estar separadas entre sí y al encontrarse en manos de especialistas, provocan una separación discursiva en términos de lenguajes técnicos, llevando la incomunicación entre ellas a que se encuentren en proyectos paralelos. De seguir así, no sería posible el proyecto que propone Habermas, de universalizar reglas en términos de acción comunicativa, para unificar el proyecto moderno de la razón práctica (ético -normativa).

El arte burgués tuvo al menos dos aspiraciones, una era la necesidad de educarse que tenía el lego que gozaba del arte para transformarse en un experto; la otra era que debía comportarse como un consumidor competente de obras de arte para vincularlas desde la experiencia estética con los problemas de su propia vida.

Para Habermas la recepción del arte es sólo uno de al menos tres de los aspectos de la cultura moderna; por lo que considera que el proyecto de la modernidad aún no se ha completado. Ya sea a través de la consigna estética "no hay nada nuevo por hacer" o por medio de la crítica radical de la razón; se paga un alto precio al despedirse de la modernidad en términos normativos.
El programa de Kant, según Habermas, pone a la base de sus tres críticas un planteamiento articulado en términos de filosofía de la reflexión. "Por vía de crítica, la razón fundamenta la posibilidad de conocimiento objetivo, de intelección moral y de evaluación estética, cerciorándose no sólo de sus propias facultades subjetivas - no se limita sólo a hacer transparente la arquitectónica de la razón - sino adoptando también el papel de un juez supremo frente a la cultura en su conjunto". (24)

Pero la filosofía deslinda entre sí las esferas culturales que son la ciencia y la técnica, el derecho y la moral, el arte y la crítica del arte bajo puntos de vista formales. La crítica de la crítica toma la obra de Kant por separado, y es más recurrente el ejercicio crítico a la crítica del juicio que a la de la razón práctica. Kant no ve las separaciones impuestas por el principio de la subjetividad, para él son diferenciaciones que se producen dentro de la razón, pero esta separación que desgarra el mundo de la vida lo advierte Hegel en su crítica al idealismo subjetivo.


"Pues si la modernidad ha de fundamentarse a partir de sí misma, Hegel no tiene más remedio que desarrollar el concepto crítico de la modernidad a partir de la dialéctica inmanente al propio principio de la Ilustración."
En Kant se expresa la autocomprensión de la modernidad, aunque él no pudiera ver el desgarramiento del mundo moderno al separarse la esfera del saber, de la esfera de la fe, y el comercio social de la convivencia cotidiana. Volver a reunir la ciencia, la moral y el arte, puede significar la apuesta a comprender el mundo en cuestiones de verdad, de justicia y de gusto a través de una convención que "globalice" la igualdad de oportunidades en vez de globalizar el privilegio de unos pocos a vivir bien, a costa de las inequidades propias de las reglas de mercado puestas en el centro de la escena política.

Citas textuales

(18) Varios Autores. La ciencia y el imaginario social. Editorial Biblos. Bs. As. 1996. Juan J. Colella y Silvia D. Maeso. "El conocimiento en Kant". Pág.71.

(19) Sartre, J.P. Crítica de la razón dialéctica. Tomo I. Buenos Aires. Losada. Pág. 16.

(20) Douailler, Stéphane. El pueblo de los emancipados. Conferencia del Seminario Internacional de Apertura. Facultad de Ciencias de la Educación. UNER. 20 y 21 de Abril de 2001.

(21) Kant, Inmanuel. Filosofía de la historia. México. Fondo de Cultura Económica. 1941. Página 61.

(22) Habermas, Jürgen. La modernidad un proyecto incompleto. En VVAA La posmodernidad. Barcelona. Kairós. 1986. Página 22.

(23) Habermas, Jürgen. Obra citada. Página 26.

(24) Habermas, Jürgen. El discurso filosófico de la modernidad. Buenos Aires. Taurus. 1989. Página 31.

Fuente: http://www.psicoanalisis-s-p.com.ar/textos/modernidad013.doc

3 comentarios:

  1. Un excelente trabajo, muy documentado, muy inteligente, se los pasaré a mis alumnos en México para que lo lean, Felicidades!!!

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  2. Muchas gracias Dr. Alberto Constante, es un honor para mí.

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  3. Muchas gracias Dr. Alberto Constante, es un honor para mí.

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