sábado, 2 de enero de 2010

COMPARACIÓN DEL PENSAMIENTO DE PLATÓN Y NIETZSCHE

El pensamiento de Nietzsche (s. XIX) se caracteriza por ser un vitalismo irracionalista, por tanto, me parece interesante compararlo con un pensador que representa un modo completamente distinto de concebir la realidad, como es el caso del idealismo racional de Platón (s. V-IV a. C.). Nietzsche, como catedrático de Griego que fue en la Universidad de Basilea, es un gran conocedor del pensamiento griego, del que se convertirá en un gran crítico, por considerarlo el origen y fundamento del los grandes males que han aquejado a la civilización occidental.

Antes de hacer referencia a las notables diferencias que caracterizan a ambos pensadores, creo adecuado destacar algunos puntos en común. Hay rasgos comunes en el estilo literario de ambos autores, en cuyas obras es fácil encontrar mitos y metáforas como recursos didácticos, así como, a veces,  un estilo poético. También es común a ambos autores la defensa del sentido aristocrático de la existencia, aunque desde perspectivas muy diferenciadas. En  ninguno de los dos se trata de una aristocracia de la sangre o el dinero, sino que en el caso de Platón es una aristocracia del conocimiento (los más sabios y generosos son quienes deben gobernar la sociedad ideal dividida en gobernantes, guardianes y productores) y en el caso de Nietzsche de una aristocracia de los creadores de nuevos valores (el superhombre se rige por la “moral de los señores”, propia de espíritus elevados que, curiosamente, son los que afirman  la vida terrenal). Esto mismo se pone de manifiesto en ambos autores, desde una perspectiva distinta,
cuando Platón recurre al “mito de la caverna” para poner de manifiesto que lo que comúnmente se acepta como verdadero no son más que sombras y que realmente son muy pocos los que tienen acceso al conocimiento de la auténtica realidad (para él, el Mundo de las Ideas). Nietzsche, por su parte, va a criticar los comúnmente considerados valores más excelsos de la cultura occidental –cuyo origen está en el pensamiento platónico- por considerarlos dogmáticos, decadentes y viciados en su origen por su empeño de instaurar la racionalidad a toda costa. El dogmatismo platónico se convierte, de este modo, en el error de base de la cultura occidental, según Nietzsche.

Platón y Nietzsche representan, por tanto, dos modos antitéticos de concebir cualquier dimensión de la realidad, como podemos leer ya en la primera y polémica obra de Nietzsche, cuyo título era El nacimiento de la tragedia a partir del espíritu de la música, de clara influencia wagneriana, donde distingue en el arte y la cultura griegos dos fuerzas contrapuestas calificadas como “espíritu apolíneo” y “espíritu dionisíaco”. En la tragedia griega, el dios Apolo representa los valores de la razón. Apolo es la divinidad de la luz y de la proporción, de la forma y la justa medida, del equilibrio y la serenidad; encontramos su espíritu en la obra bella, equilibrada y perfecta. El hombre apolíneo es aquél en el que predomina la razón. El dios Dionisio, por su parte, representa los valores de la vida. Dionisio es el dios del vino, de la fecundidad; es la imagen de la fuerza instintiva y pasional, de la corriente vital efervescente, del frenesí sexual, la música excitante, lo caótico y desmesurado. El hombre dionisíaco  niega la razón y acepta los impulsos vitales.
N. considera que la Grecia presocrática no ha olvidado a ninguno de los dos dioses, como pone de manifiesto la contraposición entre Parménides (el ser es y el no ser no es) y Heráclito (todo fluye; la realidad es devenir), pensador este último muy reverenciado y admirado por Nietzsche. En el ámbito de la poesía destaca a Sófocles y Esquilo. Todo cambia, sin embargo, con Sócrates y su elección de la razón como guía para la vida, que más tarde adoptará su discípulo Platón, convirtiéndola en los cimientos desde los que se construirá la civilización occidental.

Según N., con Sócrates y Platón se inició el predominio histórico de todo aquello que es lógico y racional, es decir, comenzaron la decadencia y el error. Se pierde, por tanto, la ingenuidad de la existencia. Sócrates con su afán por buscar razones, por definir y con su intelectualismo moral que podemos resumir en “razón = virtud = felicidad” hace la equiparación más extravagante que existe, según N., ya que pone la razón en lugar de la vida. En el caso de Nietzsche se podría decir: “vida = instinto = felicidad”.

La metafísica platónica no hace más que profundizar este error. Su concepción de la realidad parte de la existencia de dos mundos: el de las Ideas y el sensible. Éste se caracteriza por el cambio, la mutación, la imperfección, la fugacidad,… pero no es real sino que sólo es apariencia o imitación imperfecta de otro, el verdadero, el mundo de las Ideas, el mundo de las esencias eternas, absolutas, inmutables, universales, inmateriales… en definitiva, un mundo inteligible, donde no existe el cambio ni el devenir.  Según N., esto no es más que “egipticismo”, ya que Platón cree haber encontrado la Verdad –no accesible, por supuesto (¡!), a través de los sentidos, sino sólo a través de la razón- cuando momifica la realidad, la diseca, detiene el devenir, en definitiva, la mata. La realidad es terrible: el sufrimiento, el dolor, la lucha, la muerte, el cambio constante,… hacen difícil la vida. Pero la solución no es inventarse otra y negar ésta, la terrenal, la única con que realmente contamos.  Son los débiles de espíritu, aquellos que no pueden soportarlo, quienes crean otro mundo distinto a éste, un mundo donde todo lo terrible ha sido eliminado, donde no hay cambio, ni destrucción, ni muerte: es el mundo de las Ideas de Platón o el paraíso del Dios cristiano. El cristianismo, según N., no es más que un platonismo para el pueblo. El cristianismo ha invertido los valores, como ya hizo el platonismo, ha creado una “moral de esclavos”, que fomenta el resentimiento contra la vida y los valores mezquinos, propios del rebaño, tales como: humildad, sacrificio, obediencia… Frente a ésta, N. promueve la “moral de los señores”, propia del superhombre, moral de superación y afirmación de la vida, propia de espíritus elevados.  Para ello, Dios y los valores que representa (verdades/valores absolutos de cualquier índole) deben morir. Sólo con la muerte de Dios es posible que el hombre viva.

Otro error de la metafísica platónica es el de usar conceptos demasiado generales, demasiado desligados de la realidad, demasiado abstractos o vacíos (ente, esencia, perfecto…). Los conceptos ya en sí mismos son engañosos, pues se usan con la pretensión de expresar cómo es la realidad, sin embargo, la realidad es plural, concreta, móvil y cambiante y los conceptos tienen un significado general y abstracto. Por tanto, según N. no sirven para expresar lo que la realidad es. Esto le lleva a calificar a la gramática como “gran ramera”. En lugar de los conceptos apela a la metáfora. Sólo la metáfora sirve para expresar la realidad cambiante y compleja pues exige interpretar el mundo y, por tanto, es más fiel a éste.

Actualidad y valoración personal de Nietzsche.

Nietzsche siempre pensó que no escribía para los hombres de su tiempo, sino para futuros lectores. Aunque es difícil saber si ya ha llegado el tiempo de esos lectores, es indiscutible que está teniendo gran influencia en el pensamiento actual: Heidegger lo considera un gran artífice de la hermenéutica, tan de moda en nuestros días; Foucault valora sus aportaciones como “filósofo de la sospecha” que ha desenmascarado el falseamiento moral e intelectual de Occidente; Vattimo lo considera un teórico de la fragmentación y la multiplicidad que ha puesto las bases del pensamiento débil postmoderno actual; etc. Decía de sí mismo: “Yo soy dinamita”.  Y ciertamente, ha conseguido hacer tambalear muchos de los cimientos de la cultura occidental.

Nietzsche descubre un mundo cansado, gastado y degenerado contra el que arremete de un modo despiadado. Desde entonces ha pasado más de un siglo. Pero nosotros, tal como le pasó a él, también somos testigos de una nueva etapa que se va abriendo en el horizonte, en este caso caracterizada por la innovación científico-técnica constante, el neoliberalismo socioeconómico y el aburrimiento hedonista, superficial e individualista como estilo de vida. Una vida gregaria –pero atomizada-, sin duda, aunque se rija por valores distintos de los criticados por N. en su tiempo. Sin embargo, nuestra actitud ante el mundo en que vivimos no es de tanto desagrado como lo fue en su caso. Quizás, en parte, porque N., aunque desde una posición muy radical, ha contribuido, al igual que Freud, a que el estilo de vida cambie profundamente, superando buena parte del puritanismo moral represor tradicional. Sin embargo, esto no quiere decir que el mundo en que vivimos sea un mundo sano y feliz. Es por ello, que la reflexión merece ser continuada, aunque evitando ambos extremos en exclusividad: razón (Platón) e impulsos (Nietzsche).

Actualidad y valoración personal de Platón.

Todo pensador es hijo de su época y se enfrenta a los problemas desde unas influencias sociales y culturales concretas. Lógicamente, también es el caso de Platón. Entonces, ¿para qué saber lo que un “señor” dijo hace veinticinco siglos? ¿Qué me importa lo que “alguien” dijera en la Antigüedad? Entender así la historia de la filosofía es querer reducirla a un mero ejercicio de erudición que puede interesar más o menos, pero tiene escaso sentido. Sin embargo, lo realmente importante es percatarse de que los problemas que plantea Platón los seguimos teniendo también nosotros. ¿O es que la “polis” está organizada según la Justicia? ¿O es que el problema de si el hombre es sólo cuerpo, o además de cuerpo posee un alma espiritual, que debe dirigir su vida, ya no preocupa a los seres humanos? ¿Acaso no se plantea en nuestro mundo si las “opiniones” tienen valor o si hay un “conocimiento” que está por encima de ellas y cómo se puede llegar a él? ¿Acaso las sombras de la caverna del mito platónico, meras apariencias tomadas como reales, no se pueden comparar en la actualidad con la visión que los medios de comunicación ofrecen de la realidad?... Desde esta perspectiva, leer a Platón nos permite comprender y valorar más adecuadamente los problemas que aún seguimos, como humanos, teniendo.

Por otra parte, no han faltado ejemplos en el s. XX y en lo que va del XXI de grandes pensadores, que sin ser seguidores del genial filósofo ateniense, y siendo creadores de pensamientos propios y originales, sin embargo, coinciden en subrayar la enorme trascendencia filosófica e histórica, aún en la actualidad, del pensamiento de Platón. A modo de ejemplo citaré los siguientes: el filósofo alemán Jaspers (1883-1969) afirmaba que quizás no hemos igualado a Platón en lo que en él hay de intensidad y profundidad de búsqueda filosófica. Desde otra perspectiva, Whitehead (1861-1947) dice que en realidad la historia de la filosofía occidental viene a ser un conjunto de notas al margen de los diálogos platónicos. Bertrand Russell (1873-1970), por su parte,  afirma que las razones por las que todavía hoy estudian matemáticas los niños en las escuelas deben leerse en la República de Platón.


Fuente: http://profefilosofia.comuf.com/apuntes/platon-nietzsche.doc

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